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El contraste de dos mundos
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Hola, soy Amanda Cobos y quiero compartir mi historia como cuidadora con todos ustedes. Nací en Ecuador y vine a los Estados Unidos hace 42 años, aquí formé mi familia junto a mi esposo y mis dos hijos.  He dedicado 30 años de mi vida al cuidado de las personas que lo necesitan. Durante los últimos diez años, me enfoqué exclusivamente en el cuidado de personas  de la tercera edad, la mayoría sufriendo con diferentes enfermedades, como cáncer y Alzheimer.

Mi trabajo como cuidadora me ha proporcionado experiencia valiosa y satisfacción tanto en lo personal como en lo profesional. Lo cual me ha servido de apoyo para el desafío que he estado enfrentando en los últimos 6 años, desde que mi esposo fue diagnosticado con alzheimer.

Todo empezó cuando me encontraba hospitalizada con pulmonía. Mi esposo me visitaba todos los días, pero un día  el tardó mucho en llegar, y cuando logré comunicarme con él me comentó que se había perdido. Esto me extraño muchísimo debido a que él conducía un taxi y conocía todas las calles muy bien.  Luego empezó a mostrar cambios súbitos en su carácter, pasó de ser amigable a tener una actitud hostil y conflictiva en nuestra casa, con las personas en la calle y con los vecinos, y además no toleraba los ruidos. 

Después de que mis hijos y yo nos dimos cuenta de lo que sucedía, decidí ir a un centro comunitario donde conocí a una trabajadora social quien me consiguió una cita para el hospital. Una vez allí, le hicieron los exámenes necesarios y se le diagnostico con Alzheimer. Posteriormente otro examen mostró que también estaba desarrollando cáncer de colon.

Todo fue tan rápido, que yo sentía que el mundo se derrumbaba sobre mí y no podía creer que tantas cosas me estuvieran sucediendo al mismo tiempo. Tuve que continuar trabajando fuera y dentro de mi casa y la situación económica no se hacia fácil. Aunque he tenido apoyo cuidando a mí esposo en la casa, los inconvenientes nunca faltan y siempre hay algo nuevo que tengo que afrontar. He buscado apoyo en muchas partes incluyendo mi propia familia, pero las cosas no siempre salen como se espera. Unas puertas se cierran, pero otras se abren. Pido mucho a Dios en mis oraciones para que me dé fortaleza y valor para seguir día a día y no rendirme. Estoy participando en dos grupos de apoyo y afortunadamente he estado trabajando con una trabajadora social que me ha ayudado lo más que ha podido.

Actualmente, el cáncer está bajo control, pero el Alzheimer ha progresado enormemente y continuara haciéndolo porque no hay forma de detenerlo. Aunque yo he sabido que no hay manera de detenerlo, pensaba que podría disfrutar su presencia una vez que me retirara, pero no ha sido así. El cuidado de mi esposo demanda mucho tiempo y esfuerzo y no puedo dedicarme a cuidarlo yo sola las 24 horas del día. Es por esto que decidí continuar trabajando algunos días a la semana para salir de la casa y ver un panorama diferente del que vivo en mi casa.

Es basado en las experiencias que vivo como cuidadora formal e informal-familiar, que mi vida es un contraste entre dos mundos. Mientras cuido a los demás, a veces me olvido que me tengo que cuidar yo también. Cuidar a mi esposo con alzheimer es un trabajo doloroso, un trabajo que nunca acaba y provoca mucha frustración, genera gran tensión emocional y mental porque siento que mi esfuerzo no mejora nada y no obtengo suficiente descanso.

 

 


 

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