
|
Por Maria Alvarez El 28 de enero del año 2007, celebramos el cumpleaños de José, mi esposo querido. Ese día fue tan especial, él y todos nosotros la pasamos muy bien sin imaginarnos que su vida y la mía, cambiarían totalmente. Al cabo de dos meses, él tuvo un ataque al corazón que lo dejo en coma por una semana. Cuando despertó del coma, el doctor nos dijo que le falto oxigeno en el cerebro, lo cual afecto su memoria y el diagnostico fue… “Demencia”. Para mí, la noticia fue terrible, no entendía lo que pasaba, todo era nuevo. Pensé que todo pasaría, que se curaría porque había una medicina para curarlo. Pero mientras los días pasaban y él se recuperaba en el hospital, yo me sentía muy mal, lloraba sin consuelo, el día se convertía en noche y yo no tenia fuerzas para continuar. Por los últimos tres años, he estado cuidando a mi esposo. Actualmente el tiene 53 años y es como un niño grande que necesita ayuda de otra persona para guiarlo. Físicamente luce bien, pero el daño esta en su cerebro, su mente, su personalidad. Gracias a Dios, tengo una familia que me apoya y que me da las fuerzas para seguir adelante. Esto no ha sido una tragedia para nosotros, sino una oportunidad para unirnos más. Dios me toco para poder entender mejor la enfermedad de mi esposo. Queridos lectores espero que mi experiencia los ayude porque lo que se hace por amor, puede no ser siempre la mejor decisión. Al hacérseme difícil cuidar de mi esposo en casa, lo interne en un ancianato cerca a nuestro hogar para poderlo visitar todos los días. Al pasar el tiempo, me empecé a sentir muy cómoda al punto que lo traía a dormir conmigo a casa, algunas noches. A medida que la situación se hacia mas cómoda para nosotros, decidí traerlo de nuevo definitivamente a la casa. Los tres primeros meses todo estuvo bien, tuve una persona que me ayudaba con su cuidado, no era fácil, pero juntas lo logramos. El recordaba el pasado, quería ir a trabajar, se vestía, se cambiaba de ropa, quería ir a la escuela. Algunas veces creía que era un niño, otras pensaba que era un hombre adulto que tenía que trabajar. Hoy en día, él esta de regreso en un ancianato, su condición es estable y yo lo sigo queriendo igual que antes. El no sabe que pasó, nunca hablo con él de ese incidente, siempre le hablo del presente. El sabe que soy su esposa y que lo quiero mucho. Yo no veo esto como algo negativo a pesar de todo, sino como algo que tenia que pasar, como una de las cosas que uno hace por amor. Hoy quiero dar gracias al señor por todo, por mi familia, por la gente buena, por cambiar mi vida y la de mi familia, y por darme fuerzas para seguir cuidando de mi José. Antes de terminar, quiero expresar la importancia de cuidarnos a nosotros mismos y de educarnos para cuidar a nuestros seres queridos.
Maria Álvarez es una cuidadora Peruana, madre de dos hijos y abuela de dos nietos. Ella no solo cuida del bienestar de su esposo, sino que también supervisa el bienestar de su madre, su hermano y sus nietos. Maria y José Álvarez han estado casados por 20 años. |











