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Desde muy joven, sabía que me tocaría cuidar a mami cuando ella alcanzara los “años dorados”, pero nunca me imagine que fuera a tan temprana edad! Mi madre era una mujer simpática, energética, generosa con lo poco que tenia y con su corazón. Ella tenia 50 años cuando se regreso a su país natal-Republica Dominicana- a cuidar a su madre. Nunca imagine que yo a mis 33 años y siendo madre soltera de dos niñas, tendría que enfrentar una pesadilla llamada “Alzheimer” que afectaría a mi madre. En Mayo 2005, después de varias llamadas telefónicas de mis tías, decidí traerme a mami que tenia 4 años de no viajar a los Estados Unidos. Mis hijas y yo estábamos muy emocionadas con su llegada, pero pronto tanta emoción se convirtió en preocupación. Al día siguiente de su llegada, gritaba que las niñas le botaban los anteojos y su ropa interior. Cuando le pedí que me hiciera mi postre favorito, Quesillo, no se acordaba ni de los ingredientes, ni del proceso. En ese entonces, comenzó mi misión de averiguar que le sucedía. En Julio 2005, la diagnosticaron con Alzheimer. La verdad es que me tomo casi un año para aceptar que mi madre tenia una enfermedad que me la estaba robando. Después del diagnóstico, ella insistió en regresar donde su madre-mi abuela. En Noviembre 2008, mi esposo y yo fuimos a buscar a mi madre para que se quedara a vivir con nosotros definitivamente, porque ella no estaba comiendo o cuidando su higiene. Una vez de regreso en New York, mi mami lloraba incontrolablemente, le decía cosas feas a sus nietas, y siempre quería “irse para su casa”. Por miedo de que se escapara y se perdiera, pusimos 5 seguros a la puerta. Cuando ella aprendió ha abrir 4 de ellos, hable con una amiga enfermera que me dijo que pusiera cortinas para esconder la puerta. Pero aun así, ella insistía en buscar la puerta para irse a su casa. Ella gritaba y me decía cosas feas que una madre como la mía, nunca le dirá a su hija. Yo gritaba también y lloraba hasta que me faltaba el aire. Un día de esos que decía que se “iba para su casa” decidí llevarla al baño. Le dije, “Bueno, si te vas a tu casa vamos al baño primero porque el camino es largo”. Ella hizo sus necesidades y luego se sentó de lo más tranquila a ver la televisión. Cada vez que decía que se quería ir, yo la llevaba al baño y después de terminar, se le olvidaba que se quería ir. Aprendí que cuando ella decía que se quería ir, era que necesitaba ir al baño. |











